El punto de venta completo, en los celulares que ya tienen: mesas, cocina, cuentas separadas, propinas y corte de caja. Gratis con una sucursal. Y como cada cortesía y cada cancelación queda con nombre, el viernes cuadra o sabes exactamente por qué no.
Tu terminal de cobro y Comandera. Nada más.
$2,890 en 14 cancelaciones, más del doble que el resto. Vale la pena preguntar.
$145 en 14 cancelaciones, más del doble que el resto. Vale la pena preguntar.
Desde que se sienta la mesa hasta que cuadra la caja, en los teléfonos que tu equipo ya trae en el bolsillo. Nada sale de la cocina sin quedar apuntado.
Cada mesa con su cuenta y desde cuándo espera. Ámbar a los ocho minutos, rojo a los quince, y verde llena cuando la comida ya está en la barra y se está enfriando.
La comanda llega sola, ordenada por antigüedad, con la cantidad enorme para leerse desde el comal. La cocina no prepara nada que no tenga comanda, que es justo lo que hace que el número sirva.
Cuántos son se pregunta, no se adivina. Cada quien paga como quiera y lo que queda se recalcula solo, así que la mesa no cierra hasta que el dinero llega completo.
Cada cancelación de comida ya cocinada, cada descuento y cada reimpresión de cuenta queda registrada con el nombre de quien la hizo y de quien la autorizó. Nada se puede borrar, ni siquiera tú puedes.
Vender mucho y ganar poco es lo más fácil que hay en un restaurante. Comandera sabe qué lleva cada platillo, así que también sabe cuál te deja y cuál no.
Mesas, comandas, cocina, cuentas divididas, propinas y corte. Con una sucursal es gratis para siempre, porque lo que Comandera vende es saber, no cobrar.
Dibujas tus áreas y tus mesas una vez. Después cada mesero ve su salón entero desde su propio teléfono, con lo que lleva cada cuenta.
Comandas por antigüedad, con la cantidad enorme. Puedes mandar las bebidas ahora y la comida cuando la mesa esté lista para comer.
Por persona, por partes o todo junto. Efectivo y tarjeta en la misma cuenta, para que el corte no salga mal a propósito.
Marcas las cervezas y las botellas que se cuentan en el corte. Cada venta las descuenta sola, y al contar la barra te dice cuánto falta y cuánto vale. Cuando cuentas tú, ese número ya no lo escribe nadie más.
Seis números por persona. Cada venta, cancelación y cobro lleva nombre. Sin cuentas, sin correos, sin capacitación.
El wifi se cae en plena hora fuerte y se sigue vendiendo: todo se guarda en el dispositivo y se manda solo cuando vuelve la señal.
Con queso, media orden, sin cebolla. Cada extra lleva su precio y aparece aparte en la cuenta, así que nadie regala quince pesos por no saber cómo apuntarlo.
Cambiar de mesa y juntar dos cuentas sin cancelar nada. Cancelar y volver a levantar el pedido es justo el patrón que el reporte señala.
La de efectivo está en la caja, la de tarjeta la debes tú. Nunca se suman en un solo número, que es como se acaban pagando dos veces o ninguna.
Una página pública con tus platillos y precios al día. Imprime el QR para las mesas o ponlo en tus redes, y la carta que capturaste ya sirve para dos cosas. Y si escribes un platillo en otro idioma, cada quien la lee en el suyo: el celular del cliente escoge solo.
Una merma apuntada no es un faltante. Un retiro tuyo de la caja tampoco. Comandera registra lo normal para que no ensucie el número, y solo señala a alguien cuando hay al menos tres personas con actividad y una lleva el doble que el resto. Un número que no se puede discutir es un número que sí se usa.
No hay instalación, no hay visita técnica y no hay que comprar nada. Tres pasos, en el orden en que se hacen.
Copias tu lista de platillos con sus precios y la pegas de un jalón. Comandera la separa sola y te la enseña completa antes de guardar nada.
Un código de seis números en cada teléfono o tableta. Cada uno se queda con su letra, para que dos comandas nunca lleven el mismo número aunque se caiga el internet.
Seis números por persona y su puesto. Desde ese momento cada venta y cada cancelación lleva nombre, sin que nadie tenga que aprender nada nuevo.
Sin límite de mesas, de personal, de dispositivos ni de platillos. Lo único que separa los planes es cuántas sucursales llevas y qué tan atrás puedes ver.
Un punto de venta en México cuesta entre 900 y 3,200 pesos al mes por sucursal, y el inventario casi siempre se cobra aparte. Aquí va incluido. El cobro todavía no está encendido: hoy puedes usar todo y te avisamos antes de que empiece.
Todo incluido, sin módulos que se cobran aparte. El cobro todavía no está encendido: hoy puedes usar todo y te avisamos antes de que empiece.
Tu país decide la moneda en la que cobras y dónde se guardan tus datos, y eso no se puede cambiar después. Si el tuyo no está, escríbenos.
Dos cosas y ya: tu terminal de cobro y Comandera. La terminal es la que quieras y la que ya tengas, por ejemplo Clip, Mercado Pago Point o la de tu banco, y ahí se cobra con tarjeta. Comandera es el restaurante: las mesas, la cocina, las cuentas separadas, las propinas y el corte. El efectivo va a tu caja y Comandera te dice cuánto debería haber. No hace falta un sistema aparte, ni caja registradora, ni contratar nada con nosotros para cobrar.
Es justo para quien lleva su propio restaurante. Con dos o tres personas ya sabes quiénes son, y el problema no es ese: son las tres horas que pasas en la cocina sin poder ver la caja. El corte, la lista de cancelaciones con nombre y el conteo de producto funcionan igual con dos empleados. Lo que no vas a ver seguido es que Comandera señale a alguien: para eso hace falta más gente y más movimiento, y preferimos callarnos antes que acusar en falso.
No. Comandera corre en los celulares y tabletas que ya tienen. No hay impresoras, no hay terminales, no hay rollos. La cuenta del cliente se comparte por WhatsApp. La app está en el App Store y Android llega pronto. Mientras tanto también corre en el navegador, que es lo que suele haber en la caja.
Se sigue trabajando igual: mesas, comandas y cobros se guardan en el dispositivo y se mandan solos cuando vuelve la señal. Lo único que no viaja sin señal son las órdenes a la pantalla de cocina, y ahí Comandera te lo dice en rojo para que se lo digas de viva voz en vez de creer que ya llegó.
No. Cada persona tiene una clave de seis números. Con eso queda su nombre en cada venta, cada cancelación y cada cobro. Tú entras con tu teléfono.
Con una sucursal, sí, para siempre, y ves los números del día. Lo que se paga es Pro: el historial, la comparación entre sucursales, los patrones por persona, el inventario con recetas y las compras. Nunca escondemos lo que pasó hoy detrás de un cobro, porque lo que se pierde hoy tienes que poder verlo hoy.
No. Comandera no timbra CFDI. El recibo que compartes es el comprobante para tu cliente, no un documento fiscal, y timbrar exige un PAC certificado. Lo fiscal lo sigues haciendo por donde lo haces hoy.
Una tarde. Pegas tu carta, conectas los dispositivos con un código y ya están vendiendo. Si quieres, lo hacemos contigo.
Tu equipo tiene que saber que existe, y eso juega a tu favor: un registro que se conoce se respeta, y uno que se descubre por accidente se siente como una trampa. Comandera no acusa a nadie, solo enseña lo que pasó y quién estaba ahí. La mayoría de los días no hay nada que revisar.
Casi todos lo tienen y casi ninguno enseña esto. Puedes empezar con una sucursal gratis, correr un servicio completo y comparar el corte con el que ya haces. Si no te dice nada que no supieras, no perdiste ni un peso.
Una sucursal, gratis para siempre. Sin contrato y sin tarjeta.
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