Un restaurante pierde entre el 1,5 y el 3% de las ventas en pequeños desvíos. Si además cocinas, cobras y llevas la barra, no hay manera de verlo todo. Comandera te dice qué pasó mientras no podías mirar, con nombre.
Gratis con un local. Sin contrato, sin hardware.
152 € en 14 anulaciones, más del doble que el resto. Merece una pregunta.
Desde que se sienta la mesa hasta que cuadra la caja, en los móviles que tu equipo ya lleva en el bolsillo. Nada sale de la cocina sin quedar registrado.
Cada mesa con su cuenta y desde cuándo espera. Ámbar a los ocho minutos, rojo a los quince, y verde lleno cuando el plato ya está en el pase enfriándose.
La comanda llega sola, por orden de llegada, con la cantidad enorme para leerse desde los fogones. La cocina no saca nada que no tenga comanda, que es lo que hace que el número valga algo.
Cuántos son se pregunta, no se adivina. Cada uno paga como quiera y lo que falta se recalcula solo, así que la mesa no se cierra hasta que llega el dinero entero.
Cada anulación de un plato ya hecho, cada descuento y cada segunda copia de la cuenta queda registrada con el nombre de quien la hizo y de quien la autorizó. Nada se puede borrar, ni siquiera tú puedes.
Mesas, comandas, cocina, cuentas separadas, propinas y cierre. Con un local es gratis para siempre, porque lo que Comandera vende es saber, no cobrar.
Dibujas tus zonas y tus mesas una vez. Después cada camarero ve la sala entera en su propio móvil, con lo que lleva cada cuenta.
Comandas por orden de llegada, con la cantidad enorme. Puedes mandar las bebidas ahora y los platos cuando la mesa esté lista para comer.
Por persona, por partes o todo junto. Efectivo, tarjeta y Bizum en la misma cuenta, para que el cierre no salga mal a propósito.
Seis números por persona. Cada venta, anulación y cobro lleva nombre. Sin cuentas, sin correos, sin formación.
Se cae el wifi en plena hora punta y se sigue vendiendo: todo se guarda en el dispositivo y se manda solo cuando vuelve la señal.
Con queso, media ración, sin cebolla. Cada extra lleva su precio y aparece aparte en la cuenta, así que nadie regala un euro y medio por no saber dónde apuntarlo.
Cambiar de mesa y juntar dos cuentas sin anular nada. Anular y volver a pedir es justo el patrón que el informe señala.
La de efectivo está en la caja, la de tarjeta la debe el restaurante. Nunca se suman en un solo número, que es como acaban pagadas dos veces o ninguna.
Una página pública con tus platos y precios al día. Imprime el QR para las mesas o ponlo en tus redes, y la carta que ya escribiste sirve para dos cosas.
Una merma apuntada no es un robo. Una retirada tuya de la caja no es un descuadre. Comandera registra lo normal para que no ensucie el número, y solo señala a alguien cuando hay al menos tres personas con actividad y una lleva el doble que el resto. Un dueño que no puede discutir el número es un dueño que lo puede usar.
No hay instalación, no hay visita técnica y no hay nada que comprar. Tres pasos, en el orden en que se hacen.
Copias tu lista de platos con sus precios y la pegas de una vez. Comandera la separa sola y te la enseña entera antes de guardar nada.
Un código de seis números en cada móvil o tablet. Cada uno se queda con su letra, para que dos comandas nunca lleven el mismo número aunque se caiga internet.
Seis números por persona y su puesto. Desde ese momento cada venta y cada anulación lleva nombre, sin que nadie tenga que aprender nada nuevo.
Sin límite de mesas, de personal, de dispositivos ni de platos. Lo único que separa los planes es cuántos locales llevas y hasta dónde puedes mirar atrás.
Un TPV de hostelería en España va de unos 30 a unos 70 euros al mes por local. Hoy Comandera no emite factura verificable, así que convive con lo que ya uses para facturar en vez de sustituirlo, y ese es el motivo de que cueste lo que cuesta. Estamos trabajando en Veri*Factu para cuando sea obligatorio, en 2027. El cobro todavía no está activo: hoy puedes usarlo entero y te avisamos antes de que empiece.
Es justo para quien lleva su propio local. Con dos o tres personas ya sabes quiénes son, y el problema no es ese: son las tres horas que pasas en la cocina sin poder mirar la caja. El cierre, la lista de anulaciones con nombre y el recuento de producto funcionan igual con dos empleados. Lo que no verás a menudo es que Comandera señale a alguien: para eso hace falta más gente y más movimiento, y preferimos callarnos antes que acusar en falso.
No. Comandera funciona en los móviles y tablets que ya tenéis. No hay impresoras, no hay terminales, no hay rollos de papel. La cuenta del cliente se comparte por WhatsApp.
Hoy no. Comandera no es todavía un sistema de facturación verificable, así que sigues facturando por donde facturas ahora. Estamos construyéndolo para la entrada en vigor de 2027. Mientras no esté, decimos exactamente esto y no otra cosa.
Se sigue trabajando igual: mesas, comandas y cobros se guardan en el dispositivo y se mandan solos cuando vuelve la señal. Lo único que no viaja sin señal son los pedidos a la pantalla de cocina, y ahí Comandera te avisa en rojo para que se lo digas en voz alta en vez de dar por hecho que ha llegado.
No. Cada persona tiene un código de seis números. Con eso queda su nombre en cada venta, cada anulación y cada cobro. Tú entras con tu móvil.
Con un local, sí, para siempre, y ves los números del día. Lo que se paga es Pro: el histórico, la comparación entre locales, los patrones por persona, el inventario con escandallos, las compras y la carta pública. Nunca escondemos lo que pasó hoy detrás de un cobro, porque a quien le están robando ahora tiene que poder verlo ahora.
Una tarde. Pegas tu carta, conectas los dispositivos con un código y ya estáis vendiendo. Si quieres, lo hacemos contigo.
Tu equipo tiene que saber que existe, y eso juega a tu favor: un registro que se conoce se respeta, y uno que se descubre por casualidad parece una trampa. Comandera no acusa a nadie, enseña lo que pasó y quién estaba. La mayoría de los días no hay nada que revisar.
Casi todo el mundo lo tiene y casi ninguno enseña esto. Puedes empezar con un local gratis, hacer un servicio entero y comparar el cierre con el que ya haces. Si no te dice nada que no supieras, no te ha costado un euro.
Un local, gratis para siempre. Sin contrato y sin tarjeta.
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